Santoral
Introducción a la celebración
Hermanos y hermanas: Dentro de cuatro semanas celebraremos el nacimiento de Jesús. A estas semanas las llamamos “Tiempo de Adviento”, que significa “advenimiento”, “venida”.
Todo el Adviento se caracteriza por la espera confiada y vigilante del Señor que viene. En este primer domingo, Jesús nos exhorta a vigilar, a no “dormirnos” en la búsqueda de la salvación que él trae.
Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico.
La liturgia del Adviento nos invita al recogimiento y a la conversión. Por eso, se viste de morado y suprime el canto del Gloria que retomaremos solemnemente en la misa de Nochebuena.
Nos ponemos de pie. Recibimos al padre que, en nombre de Cristo, presidirá nuestra eucaristía y, uniendo nuestros corazones y nuestras voces, cantamos.
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Saludo inicial
¡Pastor de Israel, ven a salvarnos!, rezaremos en el salmo responsorial.
Hermanos: El Señor, hoy, nos exhorta a estar vigilantes, despiertos, activos a la espera de su venida.
El amor y la misericordia del Padre,
que nos llama a vivir en comunión
con su Hijo Jesucristo,
estén con todos ustedes.
La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que están en las tinieblas del egoísmo, del dolor y del pecado.
Llenos de esperanza en su venida hemos preparado con gran cariño esta corona; la hemos hecho con ramas verdes de nuestra tierra, para que nos acompañe en nuestra parroquia en este tiempo de preparación para la venida de tu Hijo en Navidad.
Te pedimos, Señor, que ir encendiendo estas velas nos ilumines a todos nosotros con ese esplendor de aquel que, por su luz del mundo, iluminarás todas las oscuridades.
El que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir en la noche, al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú nos traes la luz más clara,
La paz más profunda, y la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!
Acto penitencial
Somos pecadores, pero Cristo viene a nosotros para que seamos irreprochables el día de su venida definitiva. Abrámonos a su misericordia.
–Tú que vas al encuentro de los que practican la justicia.
Señor, ten piedad.
–Tú que nos mantendrás firmes hasta el fin.
Cristo, ten piedad.
–Tú que vienes a llenarnos de esperanza.
Señor, ten piedad.
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Liturgia de
Primera
Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor; ése es tu nombre desde siempre. ¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete por amor a tus siervos, a las tribus que son de tu heredad. Ojalá rasgaras los cielos y b ajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.
Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia. Jamás se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales cosas en favor de los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia y no pierde de vista tus mandamientos.
Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes. Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso; todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en ti, porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.
Sin embargo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos.
Salmo (Sal 79, 2ac-3b; 15-16. 18-19): Haciéndose eco de este clamor, el salmo es una vehemente súplica a Dios, Pastor de Israel, para que venga a salvarnos. Participamos de esta oración, aclamando: Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Escúchanos, pastor de Israel; tú que estás rodeado de querubines, manifiéstate, despierta tu poder y ven a salvarnos.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido. Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Segunda lectura (1Cor 1, 3-9): Dios es fiel. Mientras esperamos la venida definitiva de Cristo, no nos falta ningún don de la gracia.
Hermanos: Les deseamos la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.
Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha concedido a ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha enriquecido con abundancia en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento; porque el testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a tal grado, que no carecen de ningún don ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.
Evangelio (Mc 13, 33-37): El Señor nos exhorta a vivir en una responsable vigilancia, esperando su venida gloriosa.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta».
Confesemos nuestra fe en este Dios fiel, que, con la fuerza del Espíritu Santo, nos llama a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo: Creo...
Oración de los fieles
Ya que Dios nos ha dado la esperanza de la venida de Jesús, pidamos que todos los hombres alcancen la alegría de la salvación.
A cada intención, pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!
Para que
Para que los gobernantes de nuestro continente cuiden con esmero la “Casa del Señor” que es cada nación. Oremos.
Para que los pobres, débiles y enfermos descubran, en nuestra solidaridad, al Señor que viene. Oremos.
Para que cada institución y grupo parroquial se ocupe en la tarea asignada por el Señor para el bien de
Sí, Señor Jesús, ven a salvarnos. Restáuranos. Muéstranos tu misericordia, para que acudamos a tu encuentro con nuestras buenas obras. Te lo pedimos...
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Presentación de las ofrendas
Cristo, enviado del Padre para nuestra salvación, es nuestra gran ofrenda a Dios. Unidos a él, presentemos nuestro propósito de preparar su venida con abundantes obras de caridad.
Prefacio (Adviento I)
Queremos acudir al encuentro de Cristo, que viene. Por eso, con aclamaciones y el canto, participamos en la gran Acción de Gracias que recita el celebrante, porque con Jesucristo se han cumplido las promesas del Padre.
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Padrenuestro
Tú, Señor, eres nuestro Padre, le dijimos a Dios en
Cordero de Dios
Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús, que vino hace 2000 años, vendrá al final de la historia y ahora viene en la eucaristía. Dichosos los llamados a la cena del Señor.
Comunión
Hermanos: Al acercarnos a comulgar digamos con fe: ¡Ven, Señor, Jesús! Él sigue viniendo en la eucaristía y en cada hermano necesitado.
Avisos parroquiales
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(Después de
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Rito de conclusión
Canto Final
Queridos amigos: Con intenso gozo por haber iniciado el camino hacia el Señor que viene, nos retiramos cantando.


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