Santoral
Introducción a la celebración
Hermanos y hermanas: Dios teje con la humanidad una historia de amor que se llama Alianza. La primera Alianza se efectuó en el monte Sinaí y tuvo por protagonista a Moisés. La Nueva y definitiva Alianza pasa por Jesucristo.
En este último domingo de Cuaresma, la liturgia nos pone frente a la promesa de Dios que se cumple en Jesús. Con sus sufrimientos, su muerte y resurrección, Cristo selló para siempre la Nueva Alianza de Dios con los hombres.
Nos ponemos de pie. Recibimos al padre que, en nombre de Cristo, presidirá nuestra eucaristía y, uniendo nuestros corazones y nuestras voces, cantamos.
Saludo inicial
Ha llegado la Hora, escucharemos en el evangelio. La hora del sufrimiento y la muerte de Jesús, que es causa de salvación eterna para todos los que lo siguen.
Hermanos:
De parte de Dios Padre,
que nos propone una Nueva Alianza,
y de Jesucristo, que muere
como el grano para darnos vida,
gracia y paz a todos ustedes.
Acto penitencial
El Señor promete perdonar nuestra iniquidad y no acordarse más de nuestro pecado. Aceptemos su infinita misericordia.
– Tú que eres la promesa del Padre.
Señor, ten piedad.
– Tú que padeciste por nuestra salvación.
Cristo, ten piedad.
– Tú que quisiste morir como el grano de trigo.
Señor, ten piedad.
Liturgia de la Palabra
Primera lectura (Jer 31, 31-34): Dios promete su Nueva y Eterna Alianza con nosotros, asegurando haber perdonado nuestras iniquidades.
"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -oráculo del Señor-. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor-: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: "Reconoce al Señor." Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados."
Salmo (Sal 50, 3-4. 12-15): El salmo responde a la promesa de Dios, pidiendo piedad, purificación y renovación interior. Participamos de esta oración, aclamando:
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro."
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.
Devuélveme la alegría de tu salvación, / afiánzame con espíritu generoso: / enseñaré a los malvados tus caminos, / los pecadores volverán a ti. R.
Segunda lectura (Heb 5, 7-9): Jesucristo, con sus sufrimientos, fue causa de salvación eterna para todos.
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando es su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Evangelio (Jn 12, 20-33): Jesús es el grano que muere para dar vida a todos. Asume su muerte como “la hora” –el momento supremo– en que el Padre será glorificado.
Credo
Creemos que Jesús padeció, murió y resucitó. Proclamemos nuestra fe. Creo...
Oración de los fieles
Jesús padeció y se ofreció por todos los hombres. Pidamos que ese amor logre sus frutos.
A cada intención, pedimos: Ayúdanos a imitar tu entrega.
Para que todos los cristianos imitemos la caridad de Cristo, que se entrega por todos los hombres. Oremos.
Para que los dirigentes de la sociedad quieran “gastar la vida” sirviendo a los demás. Oremos.
Para que los que trabajan y sufren por el bien del prójimo experimenten el gozo de una vida fecunda. Oremos.
Para que, en la próxima Semana Santa, se acerquen a los sacramentos los hermanos alejados de la práctica religiosa. Oremos.
Que tu gracia, Señor, nos anime a seguirte y servirte, para que los frutos de tu amor lleguen a todos los hombres.
Te lo pedimos...
Presentación de las ofrendas
Cristo, muerto y resucitado para nuestra salvación, es nuestra gran ofrenda al Padre. Junto a él, presentemos al Señor los esfuerzos realizados en esta Cuaresma, para purificar y renovar nuestra vida.
Prefacio (Cuaresma II)
Dios, por Jesucristo, ha renovado definitivamente su Alianza. Por eso, demos gracias al Señor, nuestro Dios, que estableció para sus hijos un tiempo especial de conversión para recuperar la pureza del alma.
Padrenuestro
Nos preparamos a comulgar. Por eso, al Padre celestial que, en Jesucristo, nos dio la salvación, digámosle con fe. Padre nuestro...
Cordero de Dios
Cuando yo sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí, dijo Jesús. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la Cena del Señor.
Comunión
Hermanos: La eucaristía es el fruto del amor de Jesús para nuestra salvación. Con alegría, marchemos a la mesa del Señor.
Avisos parroquiales
(Después de la Oración Poscomunión).
Rito de conclusión
La Misa ha terminado. Nuestra misión comienza.
Hermanos: A una semana de la “Gran Semana Cristiana”, vivamos con intensidad nuestra preparación para morir al pecado y nacer a la vida nueva que nos trae la resurrección del Señor.
El Señor esté con ustedes.
Ten piedad de tu pueblo, Señor,
y purifícalo totalmente.
Así, arrepentido de sus pecados,
te servirá de todo corazón.
Y que la bendición de Dios...
Canto Final
Queridos amigos: Reconfortados porque Jesús obtuvo la salvación eterna para todos los que le obedecen, nos retiramos cantando.












Joaquín significa: "Dios dispondrá". Ana quiere decir: "la bienhechora".







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