Liturgia de las Horas: 4ta. Semana del SalterioColor: Verde
Santoral
Beato Francisco Palau
San Engelberto, Arzobispo de Colonia, Mártir
Introducción a la celebración
La liturgia de este 32º Domingo Durante el Año, nos presenta la respuesta cristiana a ese insoslayable interrogante. ¡Después de la muerte, la vida!
Porque Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivientes”.
Hace unos días recordamos a todos los santos y a los Fieles Difuntos; ya estamos finalizando el año litúrgico. Este recuerdo y este recorrido tienen el final feliz que tuvo la vida de Jesús: ¡la resurrección!
Nos ponemos de pie. Recibimos al Padre que presidirá nuestra eucaristía y cantamos.
Hermanos: La liturgia hoy nos pone frente a uno de los más consoladores aspectos de nuestra fe: “la resurrección de la carne” que proclamamos en el Credo.
Esto significa que participamos de la gloria eterna con el alma y también con nuestro cuerpo.
El amor de Dios,
que nos resucitará
como a Jesús para
participar de la gloria eterna,
esté con ustedes.
Acto penitencial
– Tú, el Primogénito de entre los muertos.
Señor, ten piedad.
– Tú, vencedor del pecado y de la muerte.
Cristo, ten piedad.
– Tú, la resurrección y la vida.
Señor, ten piedad.
Primera lectura (2Mac 6, 1; 7, 1-2. 9-14): En el martirio de los hermanos macabeos aparece la fe en la vida eterna y la resurrección final.
Uno de ellos habló en nombre de los demás: "¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres."
El segundo, estando para morir, dijo: "Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna."
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: "De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios."
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.
Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida."
Salmo (Sal 16, 1. 5-6. 8. 15): El salmo es una súplica confiada al Señor. Participamos de esta oración exclamando: ¡Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia!
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. R.
Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R.
Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.
El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.
Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.
Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.
Evangelio (Lc 20, 27-38): Jesús anuncia la resurrección final como algo coherente con la naturaleza de Dios, porque “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivientes”.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."
Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos."
Credo
Con especial fervor y convicción proclamemos nuestra fe en “la resurrección de la carne”: Creo...
Oración de los fieles
A cada intención respondemos:
Aumenta nuestra fe en la resurrección final.
Por la Iglesia: para que siga llevando a los hombres la esperanza de la resurrección. Oremos.
Por los que trabajan por una sociedad más justa: para que vean recompensados sus esfuerzos. Oremos.
Por los que viven en la incertidumbre y la desesperanza: para que descubran que Dios no es Dios de muertos sino de vivos. Oremos.
Por todos nosotros: para que nuestra fe en la resurrección final se transforme en alegría cotidiana. Oremos.
(Sustituir y/o añadir intenciones).
Infunde, Señor, una sólida fe en la resurrección de la carne que nos ayude a peregrinar alegres hacia la vida eterna. Te lo pedimos...
Presentación de las ofrendas
Hermanos: Con el pan y el vino, presentemos al Señor nuestro esfuerzo cotidiano por vivir con alegría nuestra fe.
Cordero de Dios
Comunión
Avisos parroquiales
(Después de la oración poscomunión).
La Misa ha terminado. Nuestra misión comienza.
Hermanos: “Domingo de la consolación”, podemos llamar a este domingo en que la Palabra de Dios nos ha transmitido la segura esperanza de la resurrección final. Un sólido motivo para nuestra alegría cristiana.
Que el Señor esté con ustedes.
Infunde en nosotros, Señor,
una firme adhesión a tu palabra
para que toda nuestra vida transcurra
en la alegre esperanza de la resurrección.
Y que la bendición de Dios, todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros. Amén.
Despedida
Nos despedimos cantando…


















Joaquín significa: "Dios dispondrá". Ana quiere decir: "la bienhechora".







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