La parábola de Jesús sobre el rico –que no tiene nombre en el evangelio—y el pobre Lázaro marca un relato de terrible desigualdad de la que hoy mismo no somos ajenos. En una época de economía muy difícil, con mucha gente sin trabajo y en los límites de la pobreza severa, aparecen los negocios del lujo y del consumo enloquecido. La escena que nos narra Lucas está muy bien trazada El rico –eso es un epulón—en su afán de consumir y comer bien, ni siquiera se apercibe que hay un pobre a su lado que pasa auténtica necesidad. Eso ocurre hoy mismo sin que el sentido más social de la sociedad moderna sea capaz de borrar esa escena. Pero Jesús nos advierte contra esa insolidaridad o ese abuso en el uso de la riqueza. Hoy, más que nunca, esta parábola alcanza gran actualidad y especial resonancia.
Introducción a la celebración
Hermanos y hermanas:
Cada día, se profundiza más la brecha entre ricos y pobres; cada día más, las
diferencias económicas y sociales hieren la dignidad humana. La pobreza y la
riqueza son viejas como el mundo. Tan antiguo como el hombre son el egoísmo y
la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
En este domingo, la
liturgia amplía el tema del domingo pasado, invitándonos a revisar cómo
utilizamos nuestros bienes.
Nos ponemos de pie.
Recibimos al padre que presidirá nuestra eucaristía, y cantamos.
Saludo inicial
El Señor hace justicia a
los oprimidos, proclama el salmo; y la
primera lectura asegura que se terminará la orgía de los libertinos.
Hermanos: La liturgia
nos ofrece un tema importantísimo: cómo usamos nuestros bienes; cómo nos
preocupamos de los pobres.
Que Dios los llene
de
alegría y de paz en la fe,
y que su Espíritu Santo
esté constantemente con
ustedes.
Acto penitencial
El Señor manifiesta su
omnipotencia, sobre todo, en la misericordia y el perdón. Abramos nuestro
corazón al Señor.
– En ti creemos. Cuando
hacemos de las riquezas un ídolo...
Señor, ten piedad.
– En ti esperamos.
Cuando nuestra indiferencia hace sufrir a otros...
Cristo, ten piedad.
– En ti queremos
convertirnos. Cuando no queremos revisar nuestras actitudes egoístas...
Señor, ten piedad.
Gloria
Los hombres de buena
voluntad escuchan la Palabra de Dios y lo glorifican con su vida. Proclamemos con
entusiasmo: Gloria...
Liturgia de la Palabra
Primera lectura (Am 6, 1a. 4-7): Dios denuncia la falsa
seguridad de quienes “lo pasan bien” haciendo de su situación un Dios.
Así dice el Señor todopoderoso:
-- ¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil; tumbados sobre las camas, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes y no os doléis del desastre de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos.
Palabra de Dios
Salmo (Sal 145, 7-10): Haciéndose eco de esta
enseñanza, el salmo proclama la so- licitud del Señor por los oprimidos y por
todos los que sufren. Participamos de esta oración aclamando:
R.-¡Alaba, alma mía, al Señor!
Segunda lectura (1Tim 6, 11-16): San Pablo nos presenta la
vida cristiana como un combate mediante el cual se conquista la vida eterna.
Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.
Palabra de Dios
Evangelio (Lc 16, 19-31): El que, tenien- do bienes y
un “buen pasar”, se desentiende del prójimo, no puede agradar a Dios.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-- Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas."
Pero Abraham le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abraham le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abraham. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abraham le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."
Palabra del Señor
Credo
Proclamamos nuestra fe
en el Señor, que manifiesta ser todopoderoso, sobre todo, en la misericordia y
el perdón. Creo...
Oración de los fieles
Hermanos: Éste es un
momento de intensa súplica al Señor. Recemos especialmente por todos los que se
dejan atrapar egoístamente por la riqueza y cierran los ojos a las necesidades
de los demás.
A cada intención
respondemos: Abre, Señor, los ojos de nuestro corazón.
Para que la Iglesia
pueda ser fermento de la opción preferencial por los pobres. Oremos.
Para que los economistas
y quienes detentan el poder económico tengan en cuenta el desarrollo integral
de la persona. Oremos.
Para que cuantos están
atrapados por la avaricia, la ambición y la indiferencia alcancen la
conversión. Oremos.
Para que todos seamos
sensibles a los pobres Lázaros que están a nuestro alrededor. Oremos.
(Añadir y/o sustituir
intenciones).
¡Dios de la justicia y
la fraternidad! Abre los ojos de nuestro corazón para que seamos sensibles a
las necesidades de los hermanos. Te lo pedimos...
Presentación de las ofrendas
Los dones de pan y vino
simbolizan la entrega total de Jesús. Unidos a él, presentemos la generosidad
de nuestro aporte para ayudar a los hermanos necesitados.
Prefacio (P.E.Vc)
Jesús nos pide que
colaboremos generosamente en la solución de la miseria y la injusticia. Por
eso, junto con el celebrante, iniciamos la gran acción de gracias al Padre,
porque “en Jesucristo manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos”.
Padrenuestro
Al prepararnos a recibir
el pan de vida, estemos dispuestos a compar- tir el pan que pedimos para
nosotros. Digamos con fe: Padre nuestro..
Cordero de Dios
“El que coma de este pan
vivirá para siempre”, dice el Señor. Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo. Jesús, que se identifica con todos los necesitados. Dichosos los
invitados a la Cena del Señor.
Comunión
Hermanos: Cuando falta
la fraterna caridad queda trunca la eucaristía. La eucaristía exige la caridad.
Con alegría, marchemos a participar del banquete del Señor.
Avisos Parroquiales
(Después de la Oración
poscomunión).
Rito de conclusión
La misa ha terminado.
Nuestra misión comienza.
Hermanos: La Oración de la asamblea le pide a Dios que
nos haga participar de los bienes del cielo. Participemos, compartamos –en
alguna medida– nuestros bienes de la tierra con los “Lázaros” que la vida pone
en nuestro camino.
Que el Señor esté con
ustedes.
Sé indulgente, Señor,
con tu pueblo y concédele una intensa
caridad fraterna.
Y que la bendición de
Dios...
Despedida
Queridos amigos: Al salir del templo no olvidemos que predicamos nuestra fe con buenas obras, hay mucha gente necesitada a nuestro alrededor, Ayudemosla.