-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Introducción a la celebración
Hermanos y hermanas: Han
pasado ocho días del acontecimiento central de nuestra fe: la resurrección de
Jesús. Es tanta la importancia y el gozo de este suceso, que la Iglesia
extiende su celebración durante cincuenta días. Los festejos pascuales van a
concluir con la solemnidad de Pentecostés.
En este 2º domingo de
Pascua, Jesús se manifiesta a sus discípulos para fortalecer y reclamar la fe
en él.
Con renovada alegría y fe
en Jesús resucitado, nos ponemos de pie, recibimos al padre, que presidirá
nuestra eucaristía, y cantamos.
Saludo inicial
Hermanos:
“Celebren con alegría su victoria dando gracias a Dios”, dice la antífona de
entrada.
Para
eso estamos reunidos: para celebrar con alegría la victoria de Jesús, que es
nuestra propia victoria.
Como
a los discípulos, también a nosotros, aquí congregados, se nos aparece Jesús
resucitado para reconfortar nuestra fe.
Que
Jesús resucitado,
que vive entre nosotros,
acreciente nuestra alegría
y
permanezca siempre con ustedes.
Acto penitencial
A)
Bendición y aspersión (Ver Domingo de Pascua, Misal, p. 1181).
B) Forma habitual
Más
de una vez, somos incrédulos como Tomás, y nuestra fe no es firme. Pidamos
humildemente perdón.
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte.
Señor, ten piedad.
–
Tú, alegría de los que creen en ti.
Cristo, ten piedad.
–
Tú, la resurrección y la vida.
Señor, ten piedad.
Gloria
Glorifiquemos a la Santísima Trinidad,
porque Jesucristo, el Señor, ha resucitado y está entre nosotros.
Liturgia
de la Palabra
Primera lectura (Hech 5, 12-16):
Con gran entusiasmo, los apóstoles y la primera comunidad dan testimonio de
Cristo resucitado.
Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que al pasar Pedro, su sombra por lo menos cayera sobre alguno.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.
Palabra de Dios.
Salmo (Sal 117, 2-4.
22-27a): En consonancia con la victoria pascual de Cristo, en el salmo se
canta la bondad del Señor y nos invita a alegrarnos. Participamos de esta
oración aclamando: ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es
eterna su misericordia!
Segunda lectura (Apoc 1, 9-11a. 12-
13. 17-19): El apóstol san Juan describe su luminosa visión de Cristo
resucitado, que vive para siempre.
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la esperanza en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente como una trompeta, que decía: Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete iglesias de Asia. Me volví a ver quién me hablaba y, al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas una figura humana, vestida de larga túnica con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verla, caí a sus pies como muerto. El puso la mano derecha sobre mí y dijo:
-No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la Muerte y del Infierno. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.
Palabra de Dios.
Evangelio (Jn 20, 19-31):
Jesús, fuente de alegría y paz, se presenta a sus discípulos para fortalecer y
reclamar su fe.
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:-Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:-Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:-Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:-¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Credo
Jesús resucitado es la columna vertebral
de nuestra fe. Confesemos con fervor: Creo...
Oración
de los fieles
Hermanos:
La fe en Cristo resucitado nos hace ver la vida con renovada esperanza. Con
esta actitud, pidamos por las necesidades de todos.
A
cada intención, pedimos:
Jesús resucitado, auméntanos la fe.
Para que todos los
hombres del mundo perciban en la Iglesia la alegría de la Pascua. Oremos.
Para que los gobernantes trabajen con
auténtico espíritu de servicio y experimenten la alegría de su entrega. Oremos.
Para que los que no creen y para que los
que tienen problemas de fe alcancen la paz que trae Jesús. Oremos.
Para que cada uno
de nosotros lleve alegría y esperanza a todos los ambientes que frecuenta. Oremos.
(Añadir y/o sustituir intenciones
por otras que reflejen las necesidades del momento y/o de la comunidad).
Padre
bondadoso, tú resucitaste a Jesús y nos diste paz y alegría; concédenos que
nuestra comunidad sea testigo de la fe mediante la alegría y las buenas obras.
Te
lo pedimos...
Presentación
de las ofrendas
Jesús resucitado es la garantía de nuestra
fe. Con el pan y el vino, presentemos al Señor el propósito de vivir con
alegría la cincuentena pascual.
Prefacio
(Pascua I)
Jesús nos trae la paz y nos envía a
evangelizar. Por eso, con especial alegría, unidos al celebrante, elevemos la
gran Acción de Gracias al Padre porque, por Jesucristo, nos hizo vencer el
pecado y la muerte y renacer a una nueva vida.
Padrenuestro
Antes
de participar en el banquete de la eucaristía, vínculo de unión fraterna,
oremos como el Señor nos enseñó.
Padre nuestro...
Cordero
de Dios
Éste
es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: Jesús, que fortalece
nuestra fe y nos da su paz. Dichosos los invitados a la Cena del Señor.
Comunión
Hermanos:
Unidos en una misma fe, vayamos a recibir al mismo Cristo resucitado, que nos
llama a vivir en verdadera comunidad.
Avisos
parroquiales
(Después de la Oración poscomunión).
Rito
de conclusión
Hermanos:
la Misa ha terminado, nuestra misión comienza. En la cincuentena pascual, se
nos invita a profundizar nuestra fe en Jesús y, por la alegría y la paz,
manifestársela a cuantos nos rodean.
Que
el Señor esté con ustedes.
Bendición Solemne (Misal, p. 290).
Despedida
Hermanos:
Vayamos a la vida cotidiana a anunciar que es posible una vida nueva: ¡Cristo
ha resucitado y vive entre nosotros!
Nos despedimos
cantando...